Chile y la Posibilidad del Post-Neoliberalismo (Un Reporte Fugaz)

Mi visita a Chile ha estado marcada por el “estallido social”. El concepto mismo guarda una connotación especial en el vocabulario del presente, por una parte la idea de una catarsis colectiva en contra de una estructura vista como injusta, y por otra, la consciencia de la historicidad de un proceso en construcción por más de treinta años.

Chile: La cuna y tumba del neoliberalism. Crédito: Pablo Ampuero Ruiz.

El Momento Revolucionario en Suspensión.

He estado en Valparaíso y en Santiago, en los puntos críticos y en los turísiticos. Conversé con trabajadores, turistas, emprendedores y luchadores de la llamada “primera línea”. Para todos, el “estallido social” representa un punto de inflexión crítico que separa lo viejo de lo nuevo (o mejor dicho, de lo “por construir”). Mis interacciones sucedieron en el mes festivo de Febrero, cuando estudiantes y trabajadores en vacaciones buscan tomar distancia de su labor cotidiana. Esto se manifestó en la consideración de la protesta como “suspendida” en el tiempo y el espacio. “En Marzo se viene la grande” nos decía la peluquera frente a la municipalidad de Quilpué mientras secaba y estilizaba el pelo de Miri. Sus colegas asentían con preocupación por la violencia pero sin oponerse a lo que motiva la coyuntura.

Presencia de iconografía mapuche en Plaza de la Dignidad. Crédito: Pablo Ampuero Ruiz

Esta suspensión espacio-temporal está siendo activamente capitalizada por los grupos más conservadores, apuntando a una campaña del miedo a través de las redes sociales. José Antonio Kast, un político de la vieja guardia, lleva años promoviendo su figura como outsider, acusando a sus ex-correlegionarios de flojos, corruptos y anti-patriotas. Paradójicamente, el señor Kast se pasa las horas en Twitter, Facebook y YouTube publicando y compartiendo vídeos con un tono sospechosamente similar a los de la campaña del “Si” del gran plebiscito que derrotó a la dictadura de Pinochet.

La izquierda, en cambio, no ha sido protagónica. Por una parte, se ve el retorno de los políticos tradicionales que vislumbran comandar un proceso político transformador, tal como se hizo al final de la dictadura. Por otra, la convulsión interna de grupos como el Frente Amplio ha dificultado la consolidación de un bloque coherente de oposición al capitalismo.

En la barricada que se estaba formando frente a la renombrada “Plaza de la Dignidad” un grupo de jóvenes “primera línea” comentan el escenario político. El consenso es que toda la casta gobernante ha traicionado al pueblo. La colusión entre políticos y empresarios es tal que se percibe como la gran causa de los problemas de Chile. Hablan sobre la relación entre la industria pesquera y los parlamentarios de la UDI, sobre los montajes de la policía en el Walmapu y el beneficio de las forestales, sobre el robo del agua y las industrias agrícolas de miembros del gobierno. Para ellos, la cuestion no es de izquierdas y derechas, sino de clase: el pueblo contra los cuicos/ricos.

A pesar de ser activos actores políticos, no se ven reflejados en ninguna de las actuales alternativas políticas. Particularmente en la izquierda, donde el Frente Amplio no ha podido crear legitimidad entre los protestantes producto de los conflictos internos que les quitan confiabilidad. Asímismo, creen que la mejor opción es la constitución de partidos instrumentales que surjan desde la calle. Ha sido allí que se han tejido nuevas texturas comunitarias y expresiones políticas. Es allí donde indigenismo, mestizanismo, patriotismo, socialismo, anarquismo, ecologismo y anti-capitalismo confluyen, se encuentran en diálogo y acción política.

El Espacio Revolucionario y la Nueva Memoria Pública.

En sus Tesis sobre la Filosofía de la Historia (1950), Walter Benjamin señala que “la consciencia de que estan por hacer estallar el contínuo de la historia es característica de las clases revolucionarias en el momento de su acción”. Esa es precisamente la sensación que describen los luchadores de la llamada “primera línea”.

Intervenciones artístico-políticas en la fachada del GAM. Crédito: Pablo Ampuero Ruiz

Los rayados y las pancartas que se extienden a lo largo de los Parques Balmaceda y Forestal manifiestan una consciencia de gran transformación histórica. Lejos (pero no olvidadas) quedan las reclamaciones contra el aumento en el precio del transporte, lo que prevalece hoy es la colusión entre grandes empresas, la insensatez del presidente Piñera, las políticas criminalizadoras de la protesta social promovidas por el ex ministro Chadwick, y la desconexión entre elite y sociedad.

La estética burguesa de la ciudad “moderna”, aún capturada por los ideales estéticos del siglo diecinueve europeo, choca contra el potencial creativo de las masas sociales. El mismo afán que el arquitecto Alejandro Aravena — ganador del prestigioso premio Pritzker en 2016 — rescató en sus proyectos de viviendas sociales, donde el espacio residencial no era completado sino que planificadamente dispuesto para que el sujeto habitante lo personalice, expanda, o complete según le parezca necesario y plausible. Para aquellos que se identifican con la lucha social, las intervenciones realizadas en espacios públicos representativos tienen vocación de memoria histórica, en cuanto humanizan la fría, distante y anónima urbanidad del “Chile moderno”.

Caminando por la Plaza de la Dignidad, por el Parque Forestal, o por afuera del GAM vimos grupos de personas que se detenían a observar y comentar sobre las distintas intervenciones. Era un verdadero museo público, un espacio de memoria del cual podían sentirse plenamente representados. Es más, en el lobby del Museo Nacional de Bellas Artes los funcionarios pusieron un panel con una pregunta: “¿qué haría usted con los rayados en las murallas exteriores del museo?”. Ambos lados del panel estaban completamente cubiertos con respuestas. Las más repetidas abogaban por dejarlos y protegerlos con registros audiovisuales que puedan ser exhibidos posteriormente, algunos añadían la consideración de eliminar los garabatos. Dos o tres opiniones abogaban por la limpieza total de los muros exteriores, sin mayor resonancia.

La disputa de lo simbólico es inherente a cualquier proceso de transformación. Más aún en Chile, donde el discurso portaliano del estado nacional unitario ha sido impuesto en una sociedad mestiza, indígena y negra, por la minoría blanca y de apellidos que se convertieron en marcas comerciales. La nueva memoria pública, que en parte había alcanzado adentrarse en museos y academias, vuelve a erigirse y conquistar la urbanidad burguesa. Su validez como expresión del zeitgeist es tal que las autoridades del arte consagrado terminan por aceptarlo. Esto no quiere decir que un rayado anunciando “Chile: La cuna y tumba del neoliberalismo” sea equivalente a las pinturas del Pedro Lira o la obra de Laura Rodig, pero que todas comparten un espíritu de su tiempo que motivó su origen y les otorgó significado. Y como tal son símiles a símbolos históricos como los epistolarios de los rebeldes independentistas o la cartelería política de los 70 y 80.

Lo Político en lo Democrático.

“Era más alto que tú, el paco me miraba directo a los ojos con toda su protección. Así. Yo me paré ahí no más. El me desafiaba y yo de vuelta. Me trató de ignorante el paco culiao, a mí. Si fuera ignorante no estaría aquí, le dije. El ignorante soy voh”. La señora María caminaba afuera del GAM, observando las intervenciones que pueblan su fachada. Justó allí estabamos junto a Miri, conversando con Cunco, un fotógrafo profesional vendiendo imágenes que documentan más de una década de protestas a precio popular. La señora María se detiene junto a mí y dice “ahí estaba yo”. Cunco le pregunta si estaba en la foto. “En la foto no — dice María — pero yo no he parado de salir a la calle, yo estuve ese día”.

María es una trabajadora de servicios sanitarios en un edificio de oficinas. Me dice que la precariedad de la vida en Chile es porque los que gobiernan se han beneficiado tanto que se han vuelto insensibles a las dificultades del país. Advirtiendo la nacionalidad de Miri, María señala “pero si no puede ser que el ministro de salud diga que tenemos la mejor salud del mundo, ¿qué pensarán ustedes allá en Alemania? ¿acaso vienen acá para tratarse? ¡no po!”.

Tanto ella como Cunco coincidían en que no bastaba con el cambio constitucional, sino que se debía apuntar al cambio de la política. Cunco es un activo participante de las asambleas territoriales donde los ciudadanos discuten sobre la nueva constitución. Va como fotógrafo y como una persona comprometida con la transformación de Chile. Me indica que ha estado en Quilpué, Valparaíso, Santiago, Coquimbo, San Felipe, Los Andes, y otros tantos pueblos del centro-norte de Chile. Pone sus fotos a la venta colgando entre dos árboles; al precio de dos mil pesos por imagen, no busca ganancia sino la democratización de la memoria histórica. “Quiero que la señora Juanita tenga esta foto en su casa, que vea y se vea a ella misma en las imágenes de lo que ha pasado aquí”.

Sin lugar a dudas, el proceso transformador iniciado el diez de octubre de 2019 ha remecido los fundamentos de la democracia en Chile. El imaginario de la participación política ha mutado desde la pasividad electoral a la proactividad de la calle y las asambleas. Asímismo, se ha cuestionado la idea de lo chileno, donde la necesidad de diversas banderas, ritos y lenguas se rescatan como condición indispensable del nuevo presente.

Los testimonios de mis interlocutores, tanto como la cantidad de consignas, muestran un abrumador afán transformador donde una multiplicidad de voces parece converger en el proceso constitucional. Se entiende que la política no se puede dejar a los políticos, quienes, junto con especuladores financieros y los medios de comunicación, no son más que profesionales de la manipulación. Para ellos es importante conquistar la voluntad soberana en lugar de esperar su entrega voluntaria por parte de la elite. “Con ir a votar no basta ya, estos se quedan pegados ahí, acumulando plata y poder”, nos cuenta Cunco. Un discurso similar resonaba con aquellos en la primera línea: “ahora nosotros tenemos que practicar la política, practicar la democracia”. Es bajo este precepto que se justifica la violencia política contra instituciones — públicas y privadas — como una forma de balancear las fuerzas. “Cuando estaba la cagá, ahí se movieron todos arriba, anunciaron reformas y aceptaron la nueva constitución incluso. Después se calmó la calle un poco y nos metieron el pico en el ojo, ahora tenemos que volver a empujar la cosa para que nuestra lucha, la de los que perdieron un ojo, los que murieron, valga la pena”.

El Contra Movimiento en Chile.

La variedad de voces que surgen durante esta coyuntura representan distintos puntos de tensión en la comunidad política. Por una parte, la gran división entre Apruebo y Rechazo, la cual está marcada por discursos mesiánicos y acusaciones contrapuestas de fin de mundo. Por otra, el abismo generado por la violencia política que divide a quienes apoyan al movimiento. Lo cierto es que más allá de las formas, el problema central que vive Chile actualmente es de proporciones epocales.

Intervención de Plaza de la Dignidad. Crédito: Pablo Ampuero Ruiz

Probablemente la contribución más destacable de Karl Polanyi ha sido su análisis sobre el desarrollo histórico que llevó a la Primera Guerra Mundial en Europa. Para el pensador austro-húngaro, una de las cuestiones centrales que explican la gran crisis de inicios de siglo fue el desarrollo de la economía de mercado en contra de la unidad de procesos en una sociedad compleja. El paso de sociedades donde la economía es una de las tantas actividades de la cotidianeidad humana a un momento donde crecimiento económico y la productividad parecen explicarlo todo es lo que él denomina como la Gran Transformación.

En contra del discurso promovido por ciertos políticos de centro y derecha, los procesos de transformación no son teleológicos. No es posible saber el resultado del fenómeno, dada la multiplicidad de elementos que están en juego. Es por esto que Polanyi habla de movimiento y contramovimiento. Al movimiento libremercadista que destruyó los fundamentos de la sociedad tradicional, le surge la respuesta de la social democracia europea, que implementa la solidaridad orgánica centralizada. Y luego aparece el retruco a ese fenómeno: el neoliberalismo y la finacialización de la realidad social. La coyuntura de Chile parece surgir en este escollo, cuando — como escribe Gramsci — “lo viejo está muriendo y lo nuevo no puede nacer”.

El interregnum post-neoliberal que vive Chile se definirá en el semestre que comienza. Según las encuestas, parece certero un triunfo de la opción Apruebo, sin embargo, el cultivo de la sensación de miedo puede terminar en lo contrario. Es en este contexto donde la izquierda tiene un rol crucial que cumplir, otorgando sustancia a las demandas que se han levantado, enmarcándolas en la lucha contra el capitalismo. Pero simultáneamente, sirviendo como traductores de la esperanza de lo posible. Porque la cuestión insuperable en un proceso revolucionario no es tanto la transformación del poder, sino que el mantenimiento de las conquistas y la consolidación del nuevo orden. Hasta el momento, la gran épica que comenzó en octubre tiene el potencial de convertirse en una resaca histórica más que alternativa plausible de realidad post-neoliberal.

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Photographer and Social Anthropologist, working at the Institute for Social Science Research (ISSR) of the University of Amsterdam. https://ampueroruiz.info

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Pablo Ampuero-Ruiz

Photographer and Social Anthropologist, working at the Institute for Social Science Research (ISSR) of the University of Amsterdam. https://ampueroruiz.info